Historia sin retorno

 

En homenaje a Mario Levrero.

 

Las historias no tienen retorno.

Cerca de la ciudad, en un bosque, ensayaba aéreos planes. Allí el mundo brillaba de plata y silencio. Allí.

Al volver al asfalto el tiempo daba marcha atrás. De noche, sobre las fachadas fósiles, tu holograma.

En otro bosque la vegetación parecía más auténtica e inmensa: un regalo recién retirado el celofán. Allí el mundo se adivinaba próximo. Allí.

De nuevo en el barrio, tú. Los escaparates y las plazas me traían las fichas de un rompecabezas. Nunca supe si su ofrenda era ayuda o castigo. Compasión o maldad.

Concluí que la ciudad se levantaba sobre una necrópolis de afectos. Un mosaico de lápidas llamado memoria. Y si la memoria era baldosa, y habitaba un espacio, existiría un camino y su frontera.

Exploré por fin un lejano bosque. Di tantas vueltas que puede que volviera al primero. No importaba. Me adentré sin mirar atrás, sin mirar atrás, sin mirar atrás. 

 

 

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