Atocha

A posteriori todo es fácil. Fácil de ver. De escribir. Bastó un minuto. Un minuto para asumir que nunca vendrías. El reloj de Atocha era testigo. Una pareja recién casada se fotografiaba en el jardín tropical. Mi ánimo suspiró, se adelgazó, trepó por la palmera. Desde lo alto observó el panel luminoso. Los destinos brincaban en verde. Huidas perfectas. Entonces un roce en el hombro, un sueño inverso, sin paracaídas, tú. En qué estás pensando, dijiste. En huir, y corrimos hacia el andén.