Paralelismos

La paternidad

es la última reunión del día.

Estría de la agenda.

Lunar en busca de retrovisor.

La paternidad

es la mano adormecida

que apaga una luz

que hace del pasillo

una generación en zapatillas.

La mano hecha brazo

duerme siete horas

buscando un contacto

brazo hecho acción

que desayuna cereales con fruta y fibra

y se están moviendo los mercados.

 

La maternidad

es

una calle de Londres

con lluvia

una hipótesis hermosa

con lluvia

una lluvia

con lluvia

que

cae y rebota

con lluvia

de gotas

sobre horas

de piedra cansada.

Un arco

con lluvia

a punto de vencer.

Un arco

cada mañana

despertando

a una felicidad cóncava

de fibra y fruta.

 

La voz grave y la reina de la casa

son tres latitudes en el salón.

Cenando verduras y plasma

el padre quiere ser niño,

la madre quiere ser niño

y el niño que lo dejen en paz.

Los afectos no son transitivos y

el gol no debió subir al marcador,

cambia de pulgar

qué lástima

el cupón tocó en otra puerta,

la televisión es predecible

tengo sueño

lo predecible alivia

me marcho

reflejados en la pantalla

parecemos muertos

buenas noches

fantasmas por el parqué

no tires de la cadena

avanzamos

la cadena

hacia regiones remotas

ya no llueve

de habitaciones próximas.

RECUERDOS DEL DOCTOR WATSON (Juan José Saer)

Vimos con Holmes la lluvia desde el carruaje

en la hermosa avenida Brixton, yendo hacia Andley´s

Court.

Esta tarde en el Concert Hall oiremos cantar a Norman

Neruda.

Ráfagas mudas de agua lenta golpeaban contra los vidrios,

férrea

realidad nos rodeaba y nos movíamos en ella, nítidos.

Puedo,

si quiero, evocar el preciso rumor de las ruedas sobre las

piedras mojadas.

y el resoplar de los caballos atravesando la ciudad familiar.

Ladrillos rojos chorreando agua, hombres borrosos en la

lluvia:

la luz de gas manchaba la oscuridad matinal. Siento otra

vez, con noble

fruición, el peso cálido y el vaho de nuestros abrigos,

la mirada de un muerto en honda persecución

golpeando contra el revés de mi mente. Hombres del

porvenir, plagados

de irrealidad, para ustedes no habrá nunca este collar

de sólidos minutos, este edificio de horas de piedra. La

niebla

carcomerá las paredes de Londres y el corazón de nuestra

descendencia

yacerá débil o muerto, ciego de humo amarillo. Honda

es nuestra propia vida en comparación, y benditos

nuestro violín, nuestra fiebre de Afganistán, nuestra

deliberada morfina.

 

Juan José Saer: Recuerdos del Doctor Watson. El arte de narrar. Poemas (1960-1987). Colección Visor de Poesía (Madrid, 2000).

 

 

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(Pulso 1).

Para poder ofrecerle la atención más adecuada, por favor diga o marque con nueve cifras, el número de teléfono sobre el que desea realizar la gestión.

(Pulso 91*******).

Por favor díganos brevemente el motivo de su llamada.

(Aclaración factura Movistar).

En estos momentos estamos ocupados. Por favor llámenos más tarde o envíenos un email a escríbenos@telefonica.es Además en Movistar.es podrá realizar todas sus gestiones. Gracias por confiar en Movistar.

Escenario 2. Cliente que paga 90€ al mes y llamó al Servicio de Atención al Cliente de Movistar, 1004, para que le aclararan una factura de 125€. No tuvo éxito. Piensa que, si guarda silencio, alguien se apiadará de él y atenderá su consulta que aún es consulta y no queja.

Bienvenido a Movistar. Le informamos de que esta llamada puede ser grabada por motivos de calidad. Para ejercitar sus derechos de protección de datos, infórmese en Movistar.es.

Si está interesado en recibir información de nuestros servicios, manténganse a la espera. En caso contrario, pulse 1.

(Pulso 1).

Para poder ofrecerle la atención más adecuada, por favor diga o marque con nueve cifras, el número de teléfono sobre el que desea realizar la gestión.

(Pulso 91*******).

Por favor díganos brevemente el motivo de su llamada.

(Silencio).

Disculpe, pero no le hemos oído bien, por favor díganos brevemente el motivo de su llamada.

(Silencio).

Lo sentimos, no podemos atenderle sin conocer el motivo de su llamada, gracias por confiar en Movistar.

Escenario 3. Cliente que paga 90€ al mes. Llamó al Servicio de Atención al Cliente de Movistar, 1004, para que le aclararan una factura última de 125€. La primera vez fue un fracaso. En su segunda intento pensó que, si guardaba silencio, alguien se apiadaría de él y atendería su consulta que aún era consulta y no queja. No fue así.

Siente que para Movistar él es ahora menos un cliente y más un paciente. Su problema tiene una cualidad hospitalaria. Y su paciencia además se acaba. Sabe que detrás de ese incremento hay una publicidad engañosa. Perdonen por la redundancia. Toda publicidad tiene algo de miopía: lo importante sucede en letras pequeñas. Mientras los canales deportivos se ofrecían gratuitos, un texto tan rápido como el balón, rozando por la base de la pantalla, decía lo contrario.

Se considera un hombre bueno hasta que llama a un servicio de atención al cliente. Entonces se inflama y llena de ira, muta en un ser agresivo, desconocido de sí mismo, un tipo que le repugna mientras marca el 1004 por tercera vez y se pregunta si ese número no tendrá algo que ver con las veces que deberá llamar.

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(Pulso 1).

Para poder ofrecerle la atención más adecuada, por favor diga o marque con nueve cifras, el número de teléfono sobre el que desea realizar la gestión.

(Pulso 91*******).

Por favor díganos brevemente el motivo de su llamada.

(Cabrones. Cabrones. Cabrones).

Si no tiene consultas sobre nuestro servicio, procedemos a cortar la comunicación. Gracias por confiar en Movistar.

Escenario 4. Cliente que paga 90€ al mes y que llamó para aclarar una factura anormal de 125€. Su primer intento fue un fracaso. Luego pensó que, guardando silencio, alguien se apiadaría de él y finalmente atendería su consulta. No fue así. Siente que, para Movistar, él es ahora menos un cliente y más un paciente. Y que su paciencia se agotó. Sabe que la publicidad es miopía. Lo importante no son las mayúsculas, lo que brilla, lo que destaca. Él se considera un hombre bueno hasta que llama a un servicio de atención al cliente. Entonces se inflama y llena de ira, muta en un ser agresivo, desconocido de sí mismo, un tipo que se repugna como cuandó marcó el 1004 y lanzó una nube blanda de insultos que no sirvieron de nada. Concluye que deberá disfrazar su ira, jugar contra la multinacional con sus mismas reglas, esconder la consulta que ya es queja bajo una falsa solicitud de nuevos servicios y así, oculto en ese deseo perpetuo de más megas y más canales y por supuesto más facturación, atacar a un enemigo con las defensas bajas y la codicia alta.

Bienvenido a Movistar. Le informamos de que esta llamada puede ser grabada por motivos de calidad. Para ejercitar sus derechos de protección de datos, infórmese en Movistar.es.

Si está interesado en recibir información de nuestros servicios, manténganse a la espera. En caso contrario, pulse 1.

(Pulso 1).

Para poder ofrecerle la atención más adecuada, por favor diga o marque con nueve cifras, el número de teléfono sobre el que desea realizar la gestión.

(Pulso 91*******).

Por favor díganos brevemente el motivo de su llamada.

(Alta de canales Movistar Fusión Porno y Caza y Pesca, dice mientras piensa que esos canales, aleatoriamente elegidos, mantienen sin embargo una coherencia temática).

Le va a atender un comercial.

(El cliente sonríe adelantando su triunfo).

En estos momentos estamos ocupados. Por favor llámenos más tarde o envíenos un email a escríbenos.telefonica.com. Además en Movistar.es podrá realizar todas sus gestiones. Gracias por confiar en Movistar.

(El cliente esconde sus dientes y luego los aprieta).

Escenario 5. Cliente que paga 90€ al mes y llamó para aclarar el importe de una factura anormal de 125€. Pensó que, guardando silencio, alguien se apiadaría de él, atendería su queja. No fue así. Sintió entonces que para Movistar era menos un cliente y más paciente. Y que a Movistar ni le importaban los vivos ni los enfermos. Su paciencia como enfermo ya se agotó.

Sabe que la publicidad es miopía. Lo importante discurre al margen, en minúsculas letras. Qué sorpresa. Se considera un hombre bueno hasta que llama a un servicio de atención al cliente. Entonces se inflama y llena de ira, muta en un ser agresivo, desconocido de sí mismo, un tipo que le repugna como cuando marcó el 1004 y lanzó una nube blanda de insultos que, ay, no sirvieron de nada, un hombre que fue cliente y paciente e impaciente y que pensó que era una buena decisión disfrazar su ira, un desafío utilizando las mismas reglas de la multinacional, escondiendo su queja bajo una falsa solicitud de nuevos servicios y, camuflado en ese deseo perpetuo de más megas y más canales y por supuesto más facturación, atacar a un enemigo con las defensas bajas y la codicia alta, pero esa estrategia tampoco sirvió de nada, podría estar triste y sin embargo le mueve la excitación de un descubrimiento, una clave, la clave, la clave es ese número 1 que marca siempre al principio de su llamada y que le conduce a un laberinto sin salida, y que bastará esquivarlo para aclarar por fin su duda.

Bienvenido a Movistar. Le informamos de que esta llamada puede ser grabada por motivos de calidad. Para ejercitar sus derechos de protección de datos, infórmese en Movistar.es.

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(No pulso nada).

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(No pulso nada).

Necesitamos que diga o marque el número sobre el que desea realizar la gestión.

Por favor, diga o marque el número sobre el que desea realizar la gestión.

(Ese por favor me debilita, me hunde, cometo el error: marco 91*******).

Por favor, díganos brevemente el motivo de su llamada.

(No digo nada).

Disculpe, pero no le hemos oído bien. Por favor, díganos el motivo de su llamada.

(No digo nada).

Lo sentimos, no podemos ayudarle sin conocer el motivo de su llamada. Gracias por confiar en Movistar.

Escenario 6. Cliente que paga 90€ al mes y llama para aclarar una factura de 125€. Nadie le atendió en su primera llamada. Luego pensó que, guardando silencio, alguien se apiadaría de él, atendería su queja. No fue así. Siente que ahora no es ni cliente ni es nada para Movistar. Debería ser paciente, pero su paciencia hace tiempo que se agotó.

Sabe que la publicidad es miopía. Lo importante es aquello que escapa de nuestra atención. Qué sorpresa. Se considera un hombre bueno hasta que llama a un servicio de atención al cliente. Entonces se inflama y llena de ira, muta en un ser agresivo, desconocido de sí mismo, un tipo que le repugna como cuando marcó el 1004 y lanzó una nube blanda de insultos que, ay, no sirvieron de nada, un hombre que fue cliente y paciente e impaciente y que pensó que era una buena decisión disfrazar su ira, esconder su queja bajo una falsa solicitud de nuevos servicios y así, camuflado en el deseo perpetuo de más megas y más canales y por supuesto más facturación, atacar a un enemigo con las defensas bajas y la codicia alta, pero esa estrategia tampoco le sirvió de nada, luego creyó que había descubierto la clave, ese número 1 que marcaba siempre al principio para confirmar la información de los servicios de Movistar pero que sin embargo le conducía siempre a un laberinto sin salida, y creyendo que bastaría esquivarlo no lo pulsó y no obstante el resultado fue el mismo, y sólo entonces decidió una acción última, un intento desesperado motivado por el puro desconcierto de no saber cómo actuar.

Bienvenido a Movistar. Le informamos de que esta llamada puede ser grabada por motivos de calidad. Para ejercitar sus derechos de protección de datos, infórmese en Movistar.es.

Si está interesado en recibir información de nuestros servicios, manténganse a la espera. En caso contrario, pulse 1.

(No pulso 1).

Para poder ofrecerle la atención más adecuada, por favor diga o marque con nueve cifras, el número de teléfono sobre el que desea realizar la gestión.

(Pulso 91*******).

Por favor, díganos brevemente el motivo de su llamada.

(No ignoren mis llamadas).

Su línea no dispone del servicio identificación de llamadas. Con este servicio podrá conocer en cada momento quién le está llamando por una cuota mensual de 2€ IVA incluido, impuestos en Península y Baleares, IVA 21%, Ceuta IPSI 10%, Melilla IPSI 8%, Canarias IGIC 7%. Si desea contratar el servicio, diga contratar.

(Cabrones).

Disculpe pero no le hemos oído bien. Su línea no dispone del servicio identificación de llamadas. Con este servicio podrá conocer en cada momento quién le está llamando por una cuota mensual de 2€ IVA incluido, impuestos en Península y Baleares, IVA 21%, Ceuta IPSI 10%, Melilla IPSI 8%, Canarias IGIC 7%. Si desea contratar el servicio, diga contratar.

(Cabrones).

Gracias por confiar en Movistar.

Escenario 7. Cliente que paga 90€ al mes y ya no sabe muy bien si llamó para aclarar una factura anormal de 125€ o fue otro el motivo. Un cliente ingenuo porque pensó que, guardando silencio, alguien se apiadaría de él, atendería su queja. No fue así. Sintió luego que era menos un cliente y más un paciente para Movistar. Su paciencia ya se había agotado del todo. Un cliente que también sabía que la publicidad es miopía, porque lo importante es aquello que escapa de nuestra atención. Atención: que se lo digan al 1004. Ja. Un cliente que se definiría como un hombre bueno hasta que llama a un servicio de atención al cliente, porque entonces se inflama y llena de ira, muta en un ser agresivo, desconocido de sí mismo, un tipo que le repugna como cuando marcó el 1004 y lanzó una nube blanda de insultos que, ay, no sirvieron de nada, un hombre que fue cliente y paciente e impaciente y que pensó que era una buena decisión disfrazar su ira, tapar su queja bajo una falsa solicitud de nuevos servicios y así, camuflado tras un deseo perpetuo de más megas y más canales y por supuesto más facturación, atacar a un enemigo con las defensas bajas y la codicia alta, pero esa estrategia tampoco le sirvió de nada, luego creyó que había descubierto la clave, ese número 1 que marcaba al principio confirmando su deseo de información sobre los servicios de Movistar, pero que sin embargo le conducía a un laberinto sin salida, y creyendo que bastaría esquivarlo no lo pulsó y no obstante el resultado fue el mismo, y entonces decidió una acción motivada por el puro desconcierto de no saber qué hacer, y en esta rendición última descubrió no sólo que no podría aclarar nunca la factura, entender por qué le cobraban el fútbol si a él no le gustaba el fútbol y sólo lo había contratado porque era gratuito, o eso creía él o eso decían las letras grandes mientras la vida sucedía en las minúsculas, y que no sólo nunca podría darse de baja del servicio sino que además, por algún error de la alocución, el guion se había dado la vuelta, los papeles cambiados, y era ahora Movistar quien pasaba al ataque ofreciéndole el servicio identificación de llamadas, otro servicio que él tampoco necesitaba, o más bien sí, sí que necesitaba ese servicio pero en destino, necesitaba que Movistar identificara su llamada, SU LLAMADA, y por una locura de tiempo y cansancio y confusión acabó sabiendo que en Melilla y en Ceuta había un impuesto llamado IPSI, que le sonó a hipo, y en Canarias el IGIC, unas siglas que recordaba tumbadas en el precio de algunas revistas de cuando era pequeño, y que por fin, en un último rapto de lucidez, comprendió que lo que Movistar quería era que alguien escribiera su embrollo, lo verbalizara, y por eso que este cliente redactó las anteriores páginas y decidió enviarlas a un correo con descripción de imperativo llamado escríbenos@telefonica.es.

EPÍLOGO: El correo vino devuelto por exceso de espacio. No aclaraba si del remitente, o del destinatario.

La felicidad amnésica de un niño en el cuerpo de un adulto

Tú ahora disfruta, hijo, disfruta, me decías con una firmeza llena de cataratas, pero bien visto tu consejo era un callejón sin salida, primero tú no eras mi padre y yo era tu nieto, segundo porque, lejos de disfrutar, las palabras despertaban un temor, que el tiempo de la felicidad era limitado, que en algún instante la vida se pondría cuesta abajo, y me angustiaba esa certeza tanto como ignorar en qué esquina sucedería, en qué calendario los puzles y balones se convertirían en hipotecas y peajes, y resulta que mientras llegara ese día debía disfrutar, hijo, disfrutar, ja, y en ello sigo, abuelo, lo intento, siempre lo intento, pero también continua esa zozobra que habitaba en ti, una cuenta atrás que te quitaste de encima, que me entregaste antes de su estallido, que un día, como tú, cómo yo, debe acabar, aunque sea pasándosela a otro.

Hijo

Lo imaginabas en un desguace. Estabas equivocado, y no es la primera vez que te lo dicen. Circula delante de ti, que lo sigues por la Rambla, que casi se te escapa en un disco rojo, es fácil luego por la circunvalación, la vía de servicio, en la rotonda salida urbanizaciones. Todo te resulta remoto pero a la vez familiar.

Lo imaginabas en cualquier sitio menos donde lo dejaste. No lo adviertes pero has aparcado subiéndote a la acera, y es que tienes la mirada en otras manos, unas manos que dan marcha atrás, que apagan el motor, que cierran la puerta del conductor, que abren la del copiloto, unas manos que toman las de un niño, un niño que siempre viajó en ese coche, en su asiento de atrás.

Libros posibles – I

La Tierra, vista desde el cielo, parece un cuaderno en blanco. El repositorio de historias contadas desde las ventanillas de un avión. Se podría escribir un libro juntando los pensamientos volcados por los viajeros que solicitan ventana. Un libro para que lo leyeran luego los pasajeros de pasillo, como si el avión hubiera dado un bandazo, y todas las historias convergieran en una única espina central. Sería un libro con la naturaleza de un globo aerostático, porque sólo funcionaría con aire; un libro que se cerraría a medida que el avión descendiera, y su sombra manchara el cuaderno en blanco, y al tocar suelo lo aplastara de realidad.