Escribe Luis Gago que aún vivía Shostakóvich cuando Sofia Gubaidúlina compuso su Poėma-skazka (1971), una obra breve creada para un programa de radio, e inspirada en El trocito de tiza, un cuento para niños del escritor checo Miloš Macourek. De ese cuento dijo Gubaidúlina que le gustó tanto y le pareció tan simbólico del destino de un artista que llegó a tener una relación personal con la obra: «La tiza sueña con que dibujará castillos maravillosos, hermosos jardines con pabellones y el mar. Pero, día tras día, la tiza se ve obligada a escribir palabras aburridas, números y formas geométricas en la pizarra. Y mientras los niños siguen creciendo día tras día, la tiza se vuelve cada vez más pequeña. Su desesperación no para de crecer y pierde la esperanza de poder dibujar alguna vez el sol o el mar. Pronto es ya tan pequeña que ya no puede utilizarse en clase y la tiran. Después de eso, la tiza se ve sumida de nuevo en una total oscuridad y piensa que ha muerto. Pero lo que parecía ser la oscuridad de la muerte resulta ser el bolsillo del pantalón de un niño. Su mano saca la tiza a la luz del día y empieza a dibujar castillos, jardines y pabellones, y el mar con el sol sobre el asfalto. La tiza se siente tan feliz que ni siquiera se da cuenta de que está desintegrándose mientras dibuja este mundo tan hermoso».
Y otra tiza que es pluma y otra obra que es novela, la de David Llorente titulada Tú nunca serás Sherlock Holmes, que también escribe el mundo y a la vez funciona de puerta y de tapia, de luz y de oscuridad, y por eso leemos que «a las nueve de la noche el poeta Ramiro Torregrosa sale de su sótano y sube a la biblioteca y solo ve cuatro paredes vacías, las cuatro paredes más vacías que jamás habría podido imaginarse y baja un momento al sótano a coger los veinte cuadernos de su obra lírica y vuelve a subir a la biblioteca (lo que fue la biblioteca) y los deja en el suelo, ordenados cronológicamente según la fecha de creación y con su pluma estilográfica dibuja la silueta de una puerta en la pared y empuja esa puerta con las dos manos y abandona la embajada después de veinte años o más, sabedor de que su destino está al otro lado, en el campo fértil de los grandes poetas que jamás fueron leídos».
La tiza y la pluma y todo lo que se escribe y se borra sin que importe demasiado quién lo mira o lee, porque es un impulso, una corriente, un bolsillo y una luz, un muro y una puerta, y por eso la tiza y la pluma y todo lo que se escribe y se borra sin que importe en absoluto quién lo mira o lee.

