En secreto

Se apagan las voces de la ciudad. La ciudad, su frontera, es un arco de vidrios rotos, de proyectos de urbanización, de telefonías que se debilitan. Un perro sin coordenadas ladra al miedo. Me coges de la mano, yo giro la cabeza: a la espalda el barrio es un brochazo sucio de luz, un objeto deformado tras el fondo de un vaso.

Vamos pisando, cayendo, avanzando, de nuevo pisando, cayendo, avanzando. Somos el ruido de una urgencia, un sonido prohibido que hace cómplice a la tierra. Nos detenemos en acorde. Estorban los brazos, los cuerpos, los cabellos. Las ropas se apiadan y desaparecen: cementerio textil. Cada uno, despojado de sí mismo, se convierte en el otro que desconoce. No lo sabemos pero, afanada entre las piedras, una lagartija nos observa. En el cielo, sobre la línea de tu brazo, interrumpe mi deseo las luces de un avión. Tal vez en él viajas tú.

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