Jamón y café en la casa de los Woolf

La llegada de Virginia Woolf a Monk´s House según su diario del 7 de septiembre de 1919. Imagen de la cabaña donde escribía en los meses de calor.

Los Woolf se mudaron de Asheham a Monk’s House el lunes 1 de septiembre de 1919. La primera entrada en el diario de Virginia Woolf escrita en esta residencia data del domingo 7 de septiembre de 1919. Pertenece al cuaderno titulado Diary VIII y dice así:

Supongo que este es el primer día en que pude sentarme tranquilamente a escribir en mi doloroso diario, que a estas alturas espero sea tolerante. La falta de mesa, pluma, papel y tinta, o más bien su dispersión en distintas partes de la casa, fue una de las razones; otra, las crisis domésticas que había predicho, y sin que avisarlo apaciguara su efecto al suceder. Ahora los sirvientes están en Charleston, el Sr. Dedman y su hermano están identificando variedades de manzanos en el huerto en honor a Leonard, y si puedo resistir la tentación de levantarme y unirme a ellos, tal vez complete esta página.

La mudanza se realizó en un día, gracias principalmente a la organización de L., quien ató todos los libros en lotes. Dos carros, uno que salía a las diez, otro a las seis, hicieron el trabajo, y más o menos logramos dormir en la casa esa noche. A la mañana siguiente comenzaron algunos problemas que no especificaré más; entonces L. partió para pasar una noche en Londres, y yo, sentada con mi libro al anochecer, oí una voz que me llamaba, y para mi consternación, vi la delgada y fantástica figura de Altounyan cruzar la ventana. Estaba junto a su esposa y amiga, Montana o Fontana, afuera, y tuve que prepararles jamón y café y entretener de esta forma a mis primeras visitas. A. había venido de Londres expresamente para vernos; expresamente, creo, para discutir su novela sin fin una vez más, y tal vez con la idea de que la publiquemos. La Sra. Hamilton la ha leído y ha considerado necesario citar El Rey Lear. Parte de este terrible egocentrismo puede atribuirse a su mitad armenia, creo; no es ofensivo; pero se vuelve intensamente aburrido. Por desgracia, las personas que vienen desde Londres y caminan 6 kilómetros para tener la oportunidad de ver a uno casi siempre son aburridas. Los invité a marcharse alrededor de las diez de la noche, y no pude resistir un paseo oscuro por el jardín. La tentación susurra desde la ventana todo el tiempo, es tan agradable salir al césped, caminar hasta la casa de herramientas y contemplar las colinas durante el día o las luces de Lewes por la noche. Aún queda mucho por hacer dentro de la casa, aunque los arreglos principales ya están terminados. Pero durante algunos días la mente se distrae al pensar perpetuamente en los cambios a mi alrededor, pues la mente funciona con esfuerzo. Estos cambios están disminuyendo paulatinamente, aunque escribo esto como si estuviera levantando piedras con mi pluma en vez del peso habitual. Pese a todas las dificultades, ventajas e inconvenientes, creo que el resultado es totalmente favorable. Uno gana mucho en términos de variedad aquí: hay más paseos e intereses infinitos en el jardín, aunque nada de la belleza impecable de Asheham.

Eso escribió Virginia Woolf y eso leí yo paseando por ese lugar 107 años más tarde, un 7 de septiembre de 2026. Si es cierto que las personas nunca abandonan del todo sus hogares, quizá yo fui también el incordio de una visita inesperada. Me consuela el hecho de que, en este caso, Virginia no tuvo que ofrecerme jamón o café, y que volví a Lewes con la sensación de haberme alimentado de ella.