Puente levadizo

Amurallé el corazón con almenas y torres.

Logré la felicidad de quien se alimenta

con la certeza de las reglas aritméticas.

Fui una roca a la que mundo no golpea.

Pero otra vez tu mensaje, a mitad de la noche,

despierta el sonido: trovadores y trompetas.

Una palabra tuya bastará para sanarme,

y tu emoticono derrumba mis protestas.