Cápsulas de luz

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Según Steven Weinberg cuanto más comprensible parece el universo, tanto más carece de sentido; sientes la decepción que deja un truco de magia recién revelado. Y en la vida humana resulta también que cuánto más fácil es la solución de un problema, tanto más carece de sentido. Y como nuestras vidas solo avanzan si los problemas se resuelven, es fácil concluir que la vida se desarrolla y agota sobre el consuelo fugaz de soluciones prácticas.

Pero la mente es inquieta: quiere saber idiomas, quiere escuchar nuevos sonidos, quier crear archivos de aromas y sabores, quiere leer, aprender, quiere que el mundo sea un atlas, y visitarlo. En esa curiosidad nos protegemos contra el imposible de la realidad, contra ese cine en sesión única, y en la pantalla una trama débil y un final conocido.

Así que para que la función merezca la pena solo queda el remedio de la inquietud: con el fósforo de la mente, prender las antorchas de lo que nos emociona. Alumbrar la orilla y, sobre su pentagrama en curva, dibujar el braille de nuestros pasos.

Lógicamente siempre es de noche: la playa es un largo abanico inacabado, pero sus varillas de arena tienen sensores fotoeléctricos. Alumbremos.